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La Coctelera

MODERNISTAS

¨Abierto manifiesto a tendencias artísticas y culturales¨

3 Agosto 2005

"La chica más guapa de la ciudad" por Charles Bukowski

Para comenzar a darle un poco de vida a esto, quisiera compartir con ustedes algo del fantástico Charles Bukowski que esta sin dudas entre mis personalidades preferidas.

"La chica más guapa de la ciudad"

Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero v serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo, y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decían que estaba loca. Lo decían los tontos. A los hombres Cass les parecía simplemente una máquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.

Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: `No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas... todo fachada y nada dentro...` Tenía un carácter rayano en la locura; un carácter que algunos calificaban de locura.

Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidiaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchillas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía, por el contrario, realzarla.

Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviese algo que ver con el asunto.

- ¿Tomas algo? -pregunté.

- Claro, ¿por qué no?

No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión. Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener la edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete v se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.

- ¿Crees que soy bonita? - preguntó.

- Sí, desde luego. Paro hay algo más... algo más que tu apariencia...

- La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita?

- Bonita no es la palabra, no te hace justicia.

Buscó en su bolso. Creí que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiera impedírselo se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentí repugnancia y horror. Ella me miró y se echó a reír.

- ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?

Saqué el alfiler y puse mí pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.

- Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones.

- ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella.

- Será mejor que la controles -me dijo el encargado.

- No te preocupes -dije yo.

- Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que quiera con ella.

- No -dije-, a mí me duele.

- ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz?

- Sí, me duele, de veras.

- De acuerdo, no lo volveré a hacer. Animo.

Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo, acabase destruyéndola para siempre. Espetaba no ser yo.

Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó:

- ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana?

- Por la mañana -dije, y me di la vuelta.

Por la mañana me levanté, hice un par de cafés y le llevé uno la cama.

Se echó a reír.

- Eres el primer hombre que conozco que no ha querido hacerlo por la noche.

- No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por qué hacerlo.

- No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.

Se fue al baño. Salió en seguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandecientes, toda resplandor... Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.

- Ven, amor.

Fui.

Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo, acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.

- ¿Cómo te llamas? -pregunté.

- ¿Qué diablos importa? -preguntó ella.

Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entró ella con una gran hoja: una oreja de elefante.

- Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.

Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.

- ¿Cómo sabías que estaba en la bañera?

- Lo sabía.

Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.

Telefoneó una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.

- Esos hijos de puta -decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas.

- La culpa la tienes tú por aceptar la copa.

- Yo creía que se interesaban por mí, no sólo por mi cuerpo.

- A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.

Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabuneando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el bar West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.

- Vaya, cabrón, has vuelto.

Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nunca la había visto vestida así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.

- Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza...

- No, no seas tonto, es la moda.

- Estás chiflada.

- Te he echado de menos -dijo.

- ¿Hay otro?

- No, no hay ninguno. Sólo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis.

- Sácate esos alfileres.

- No, es la moda.

- Me hace muy desgraciado.

- ¿Estás seguro?

- Sí, mierda, estoy seguro.

Se sacó lentamente los alfileres y los guardó en el bolso.

- ¿Por qué estropeas tu belleza? -pregunté-. ¿Por qué no aceptas vivir con ella sin más?

- Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.

- Vale -dije-, tengo mucha suerte.

- No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.

- Gracias.

Tomamos otra copa.

- ¿Qué andas haciendo? -preguntó.

- Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.

- A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.

- No creo que quisiese establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.

- Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso.

Salimos juntos. Por la calle, la gente aún miraba a Cass.

Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca. Fuimos a casa y abrí una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil, sin tensión. Era corno si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa... de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quitó aquel vestido de cuello alto y lo vi... vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.

- Maldita sea, condenada, ¿qué has hecho? -dije desde la cama.

- Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?

La arrastré a la cama y la besé. Me empujó y se echó a reír:

- Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.

- Sí -dije-, no puedo parar de reír... Cass, zorra, te amo... deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.

Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.

Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin; vino y me zarandeó:

- ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!

Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutían ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aíre. Nos besamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos mucho. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como un fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente: `No`. La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.

Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fábrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me dijo el encargado.

-Siento lo de tu amiga.

-¿El qué? pregunté.

-Lo siento. ¿No lo sabias?

-No.

-Suicidio, la enterraron ayer.

-¿Enterrada? -pregunté.

Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro, ¿cómo podía haber muerto?

-La enterraron las hermanas.

-¿Un suicidio? ¿Cómo fue?

-Se cortó el cuello.

-Ya. Dame otro trago.

Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel `no`. Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años.

Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé: `MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!`.

Y seguía avanzándo la noche y yo nada podía hacer.

Charles Bukowski.

servido por Nicolás 13 comentarios compártelo

13 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Brandelmosca

Brandelmosca dijo

Hay pocas escritores que me hayan cambiado tanto como este hombre, que escribiendo una y otra vez de él y sólo de él, consiguió retratar tan y tan bien el alma del ser humano. Un saludo desde la ArenA

3 Agosto 2005 | 05:57 PM

Jazzpower

Jazzpower dijo

Sobre este relato se hizo la pelicula "Ordinaria Locura" de Marco Ferreri.

6 Agosto 2005 | 11:47 AM

m17net

m17net dijo

Tambien hay una cancion sobre este cuento es la de Fito Paez "Polaroid de Locura Ordinaria"

11 Agosto 2005 | 05:45 PM

ToNy

ToNy dijo

Magico, al igual que el tema de fito paez, Polaroid cambie algo en la forma de ver el mundo y si a fito le dieron ganas de escribir algo sobre este cuento es porque este cuento tiene la fuerza como para que un genio escriba inspirado en otro.

23 Agosto 2005 | 03:48 AM

Daniel Otoya

Daniel Otoya dijo

les cuento que cass no murió, está viva, vive conmigo. Usa tres piercings en la lengua, pero temo que pronto no la tenga más

27 Agosto 2005 | 03:34 AM

Modernistas

Modernistas referenció

Charles Bukowski en Español.

... donde podrán bajar gratis las obras cumbres de Charles.
Y por último, pulsando aquí seran redireccionados a una vieja entrada de Modernitas relacionada con este personaje.

20 Octubre 2005 | 04:34 PM

diego

diego dijo

es mucho mas de lo k dice esta mierda de gente es el mejor escritor
maldito de todos los tiempos un jodido virtuoso tanto en prosa como
en poesia. ha vivido en la decadencia se ha criado de tal manera.
escupe verdades de su boca acerca del jodido sueno americano y se
ha mantenido siempre en el underground; no ha vendido su culo como
muchos; bueno nada hank el mejor. dont try

30 Octubre 2005 | 05:33 PM

maria eugenia

maria eugenia dijo

he leido hollywood y es una de las mejores historias que alguna vez haya podido desmenusar
me fascina

31 Octubre 2005 | 05:12 PM

facundo de mza

facundo de mza dijo

POLAROID DE LOCURA ORDINARIA

Bajó por el callejón
en donde estaba él
después vomitó ese ron
manchando la pared (uhh)
El sol le caía bien
entrando la avenida
su vida no era más su vida
pero eso estaba okey.
La veo cruzar
cruzando un bosque
la veo alejándose de mí.

Sus tetas y sus dos hermanas
tomaban un café
me acuerdo de la mañana
que me mostró su piel (uhh)
estábamos en un bar
y se cortó la cara
vibraba como en un nirvana
luego se echó a correr.

La veo cruzar
cruzando un bosque
la veo alejándose de mí.

Pasábamos todo el día
tirados en la cama
el tiempo maldita daga
lamiéndonos los pies (uhh)
brillaba
era una perla
y nunca hacía nada.
Después dijo que me amaba
y se hundió la gillette.

Sangró, sangró, sangró
y se reía como loca. (uuhhuuu)
No he visto luz
ni fuerza viva
tan poderosa
De todas ellas
ella fue mi frase más hermosa
Todo su cuerpo con espinas
y a mí me siguen las moscas.
(esto está bien)

1 Diciembre 2005 | 05:49 AM

Carlos

Carlos dijo

Tragicamente mágico. Sobervio. Revaloriza el interior de las personas. "Lo escencial es invisible a los ojos": Antoine de Saint Exupèry, "El Principito".

15 Agosto 2006 | 05:21 PM

angel

angel dijo

felisitaciones por esta perla de la literatura la cual debria ser aprovechada por el sinfin de safios filisteos que se encuentran en la calle pagandole a dulcineas como cass para meter sus ponsoñosas manos en sus magicas bragas
grasias por no dejar morir abras como esta y que viva nuestra bella y soñada CASS

24 Agosto 2006 | 03:03 AM

Yo con la gillete me ageito los huevos

Yo con la gillete me ageito los huevos dijo

que sadico el pavo no ?

31 Agosto 2006 | 09:32 PM

marian

marian dijo

que guapo esto que he leído de bukowski... es sólo un cuento? de veras? creía que era real...
los MAS BIRRAS ( zaragoza - españa ) hicieron una canción que se llama asi... cass, la chica más guapa de la ciudad... es un temazo, como casi todos los de mauricio aznar y compañia... ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan y ojalá la escuchéis, os gustará... besotón!!!!!!

19 Enero 2008 | 12:32 PM

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Mi nombre es Nicolás Santiñaque, vivo en Mar del Plata, Argentina. Este Blog (o Manifiesto de Arte) es solo el capricho periodistico de alguien con ganas de aprender e intercambiar ideas con gente inteligente que cuente con gustos similares a los mios. Mis aficiones personales van desde el diseño gráfico hasta la música, pasando por la fotografía, el cine, la literatura y por supuesto: el periodismo. MODERNISTAS TE RECOMIENDA EL GRUPO ASYLUM ZUE UN TRIO DE PELIGROSOS ROCKEROS... Suscribir con Bloglines

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